María Música y el H2O
por Dauno Tótoro Taulis ( Generación80, Chile)
miércoles, 16 de julio de 2008
María Música, estudiante chilena de 14 años de edad, lanzó agua al rostro a la Ministra de Educación Mónica Jiménez cuando la Secretaria de Estado había dado unilateralmente por finalizado un “encuentro participativo en educación”.
La niña intentó, antes del hecho, buscar explicaciones (de boca de la Ministra) al por qué cuando ella y sus pares y profesores salen a las calles de las ciudades de Chile para demandar una ley de educación que signifique que en el futuro cercano y lejano nuestros compatriotas sean seres humanos y no alienígenas descerebrados, el Estado responda no con argumentos sino con bombas lacrimógenas, aguas urticantes, golpes de palo en las cabezas y patadas de energúmenos contra niños, niñas y maestros de escuela.
La Ministra que presidía el eufemístico “encuentro participativo” no contestó. Sus guardaespaldas suspendieron la cita. Lo de la niña, abrumada por el silencio y la indiferencia a modo de única y bastarda respuesta, es un argumento. Simbólico, pero tremendo argumento. “Era como hablarle a la pared”, dijo María Música horas más tarde al explicar su acción.
La Presidenta de Chile destacó el hecho como un “acto antidemocrático”. El vocero del Gobierno y otras autoridades describieron el suceso como “magnífica demostración de la incapacidad de diálogo de los estudiantes de Chile”. Otras personalidades públicas sugirieron de inmediato la expulsión de la alumna de su escuela, el traslado del caso a tribunales de justicia. La quieren castigar. Uno que otro estará pensando en colgarla del palo mayor o en lanzarla cerro abajo, para escarmiento y ejemplo. Antes abusaron de ella (ha estado cuatro veces detenida y ha quedado registro de sus hematomas en brazos y piernas) como han abusado de sus adolescentes pares con el guanaco, el zorrillo, la luma, el bototo, el silencio, la indiferencia, la sorna… pero, por encima de todo, con la tonta y vana convicción de que por ser chicos son nada y que están solos. Somos todos chicos y estamos todos solos.
Tengo una hija de la misma edad que la estudiante del jarro de agua, y un hijo de quince años. Hay otra de dos años que aún no ha sido bautizada por el lanza aguas. Sería el colmo. El de 15 ha llegado a casa mojado y asustado luego de cada manifestación pingüina. Y al día siguiente parte otra vez. Claro, cada vez que va, en casa quedamos con los dientes apretados. Debe ser porque algunos padres de mi generación tenemos experiencia respecto de lo que se arriesga.
De eso quiero hablar: conocí a la Ministra Jiménez. Sé de lo que estoy hablando.
Mucho antes de que la niña del jarro de agua naciera, en aquel ahora lejano 1986, fui expulsado de la Universidad Católica de Chile por participar activamente en el movimiento estudiantil que se agitaba en busca de democratizar la Universidad y el país. A sólo un semestre de terminar mi carrera, el Consejo de Rectores, por recomendación del por entonces mandamás de la PUC, Juan de Dios Vial Correa, decretó mi alejamiento de las aulas universitarias… las de la PUC y las de cualquier otra universidad del país… para siempre.
Se armó tremendo escándalo pues este “peligro para la convivencia académica” era dirigente de la FEUC, Consejero Estudiantil en el Consejo Superior de la Universidad y Presidente del Centro de Alumnos de su carrera.
Fue entonces que entró al baile la señora Mónica Jiménez, en aquella época Presidenta de la Asociación de Académicos de la PUC y miembro del Consejo Superior de esa casa de estudios, sitio en el que coincidía regularmente conmigo, para su desgracia y la de las demás autoridades pontificias.
Haciendo demostración de su “espíritu democrático y profundas convicciones católicas”, propuso al rector solucionar el entuerto mediante el diálogo. Fui citado a la oficina de Vial Correa, donde Mónica Jiménez, nuestra actual Ministra de Educación, me brindó una clase magistral de conceptos democráticos y del significado profundo del arrepentimiento cristiano. Dijo la señora Jiménez que le recordaba enormemente a su padre cuando este tenía mi edad, “igual de vehemente, de apasionado, de arriesgado en la defensa de sus erróneos principios políticos –su padre, me explicó ella, era militante de la ultraderecha de sus días”. Luego se extendió en una larga arenga en torno a un único concepto: a la Universidad se va a estudiar, no a hacer política. Para rematar, me hizo la propuesta que había convenido con el rector: que firmara un documento que habían preparado para tales efectos, mediante el cuál me comprometía a renunciar a mis convicciones políticas de izquierda; a renunciar a mis responsabilidades como dirigente estudiantil; a declarar públicamente ante la comunidad universitaria que me había equivocado al suponer que los recintos universitarios eran un campo de batalla más en la lucha contra la dictadura. “Firma este documento”, me sugirió, “y de inmediato la sentencia de expulsión quedará sin efecto”.
Soborno, incitación a la traición, cohecho, amedrentamiento. Esos son los principios profundamente democráticos que barajaba la señora Jiménez, la misma que hoy se reúne con los estudiantes secundarios y los profesores en jornadas de ““encuentros participativos en educación”. Aquella tarde de 1986 no encontré en esa oficina ningún jarro de agua a la mano. Sólo pude mirarla con lástima y desprecio, lanzarle una carcajada al rostro y salir de ahí con un portazo, cerrando para siempre cualquier posibilidad de convertirme en un profesional universitario, pero más convencido que nunca de todos aquellos principios de los que la señora Jiménez me intentó hacer abjurar.
María Música, por mí y por todos mis compañeros.
* Fuente: Generación80
Bien me parece que se difunda y que crezcan otras opiniones, otros puntos de vista que se oponen a este intento de estigmatizar la accíón de una niña que no fué escuchada, que no tuvo otra opción a mano que lo que hizo.
Ojalá esta acción también despierte conciencias de los que están dormidos o agazapados permitiendo con su silencio que sigan poniendo mordaza a nuestros ideales. Aqui puse algo tb que suma.
Salu2
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CaTa
Democracia es con lo que c llena la boca el gobierno y sin embargo los estudiantes,profesores y cada vez + organizaciones piden ser escuchadas y q es lo que c les hace? solo los reprimen, y ahora q pasó lo d la estudiante Música quieren poner mano dura para q estas cosas no c den + ¿con q derecho? yo no estoy precisamente con este tipo d "manifestaciones",pero entiendo la posición d ella ya q en realidad lo único q ha hecho el Bobierno es frustar y hacer oídos sordos con lo q está pasando. ahora q pasara espero q no sea un cuento d núnca acabar.
Maria Musica es un ejemplo de que en Chile no se escucha a las personas ,sean de donde sean ,que va a pasar con ella si ni sus profesores (que ella defiende) estan al lado de ella ,es inaudito .
Conozco muchos academicos enclaustrados en sus oficinas llevando a cuesta miles de doctorados ,postgrados ,etc. pero que no viven la realidad de lo que pasa en una sala de clases ,ni menos de los deseos de superacion de los niños y niñas de nuestro pais .
QUIEN DEFENDERA A MARIA EN EL FUTURO ESPERO QUE NO LA ESTIGMATICEN POR SU VALENTIA .
Rosa Rojas
Perdón, acá no se hace, que es el jarronazo?
Saludos
Princesa
encierra las voces que no son escuchadas....
Gracias María...
Princesa
Entiendo que las opiniones se basan, en gran parte, en la experiencia personal con toda su carga subjetiva y en la animosidad personal de quien narra. Entendiendo la crisis de la educacion, discrepo, eso sí, con el apoyo a esta niñita. Hay cosas que no se hacen no mas. Y me parece muy incoherente el que se justifique esta agresion en nombre de las otras agresiones (las del Eº, guanacos etc...); ya que eso no hace mas que validar cualquier medio de accion, y todos sabemos como termino Chile con eso de "todo vale" y "el fin justifica los medios". Y lo que narras sobre la Jimenez en su pasado no encuentro que venga al caso contrastarlo con este caso, suena a manipulacion sensiblera.